Hay momentos en la crianza en los que sentimos que estamos dando vueltas en el mismo círculo. Repetimos indicaciones, elevamos la voz, prometemos no hacerlo de nuevo, y al día siguiente todo se repite.
Si alguna de estas situaciones te resulta familiar, no significa que seas un mal padre. Significa que estás atravesando una experiencia humana que merece ser comprendida.
- Le pedís algo diez veces y no te escucha.
- Terminás gritando aunque prometiste que no lo harías.
- Después de una discusión te sentís culpable.
- Sentís que cada día terminan teniendo las mismas peleas.
- Amás profundamente a tu hijo, pero a veces no sabés cómo acompañarlo.
- Probaste distintas estrategias, pero cuando llega el momento difícil volvés a reaccionar igual.
La clave no está en tener más información. Está en entender qué sucede dentro de nosotros en el momento justo antes de reaccionar. Ese instante, ese espacio, es donde puede comenzar el cambio.